sábado, 2 de julio de 2011

Comer con las manos

¡Qué gran invento el tenedor! Catalina de Medici, lo introdujo en la corte francesa al casarse con el refinado Enrique II en el siglo XVI, y aunque en principio, y podemos decir que hasta el S.XIX, no fue utilizado por las masas, ha resultado un utensilio muy práctico.
Tengamos en cuenta que siglos atrás sólo se utilizaba como cubierto la cuchara y quien podía se servía con su propia daga para porcionar la carne y otros alimentos, pinchándolos luego con ésta, para llevárselos a la boca. Resultando también muy práctico para urgarse entre los dientes, con la cantidad de accidentes que provocaba este tipo de conducta. En los ambientes más refinados, utilizaban las manos cuando los alimentos se servían porcionados para tal efecto.
Comer con las manos, lejos de resultar algo vulgar, tiene su propia gastronomía, y si bien es cierto que para compartir un buen cous-cous, sirviéndonos de nuestras extremidades superiores, necesitamos cierta destreza y en realidad es algo no demasiado recomendable, pero para ciertos productos puede ser algo obligado, al no ser que por falta de confianza con nuestros acompañantes, nos veamos obligados a guardar las formas.
Unas gambas rojas de Menorca a la plancha, simplemente acompañadas de sal y peladas a mano, son algo insuperable, como lo es el sorber su cabeza, aunque suene un poco rústico. Coger una loncha de jamón ibérico de un plato, con nuestros dedos para llevárnoslo a la boca, ya nos da una idea, con el tacto, de cual va a ser su calidad. Otra cosa que no podemos hacer sin las manos es abrir los mejillones al vapor para mojarlos en salsa mahonesa. Ya me dirán cómo pueden comerse unos buenos percebes o cualquier tipo de marisco, si no es ayudándose de sus manos.
Por supuesto que unos lavadedos con obligados para poder eliminar todos los restos de olor, siempre aromatizado con limón, jengibre u otro cítrico, y aunque sea síntoma de que el producto es de la mejor calidad, haga un esfuerzo por no chuparse los dedos en público.
Unas chuletas de cordero a la brasa de sarmientos, bien pulidas y repeladas, son apropiadas para revivir viejos instintos primarios, y si quiere darle un toque chic, prepare unos papillotes de papel para poder cogerlas por la punta y poder mancharnos.
Aunque les suene raro, está muy de moda la “finger food”, pues resulta muy apropiada para cenas informales, cocktails, etc: brochetas de tomate mozarella, pinchitos de pollo con salsa seitán, tartaletas de brandada de bacalao, croquetas de camot o unas obligadas trufas al cacao amargo, nos alegrarán el estómago y el paladar sin necesidad de manchar cubiertos.

Mejillones poulette
Ingredientes para 8 personas
• 3 Kg. de mejillones,
• 1 dl de vino blanco seco,
• 1 cebolla picada,
• 80 g. de mantequilla,
• 200 g de nata,
• 2 yemas de huevo,
• 1 limón,
• 1 cucharada sopera de perejil picado,
• 1 bouquet garni (tomillo, romero, laurel),
• Sal y pimienta.
Elaboración
1) Abrir los mejillones con el bouquet garní, agua y el vino blanco en una olla tapada.
2) Escurrir y coger parte del caldo, bien colado.
3) En una sartén, pochar con la mantequilla la cebolla hasta que blanquee, salpimentar, mojar con el caldo y la nata. Fuera del fuego añadir las yemas bien batidas y ligeramente desligadas con parte de la salsa para evitar que se corte. Añadir el perejil picado.
4) Servir los mejillones con su concha, que iremos escogiendo y utilizando para coger la salsa.

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