sábado, 3 de diciembre de 2011

Asturias gastronómica

¡Qué bonita es Asturias! y ¡qué bien se come! No piensen que lo digo de manera poco objetiva, al ser yo asturiano. Opino que se come en una zona, cuando por lo general se goza en cualquier lugar, sin recomendaciones, es decir, cuando cogemos una ruta y paramos por azar en un pueblo cualquiera y allí encontramos un pequeño restaurante donde disfrutamos con un económico menú del día, casero y abundante; pues ya sé que pagando 60 € por comensal, puedo y debo comer bien, en Asturias y en muchos sitios.
    Sé de buena tinta que muchos menorquines visitan Asturias, y al que no lo haya hecho, le animo a hacerlo, pues seguro que regresan encantados. Si el tiempo no les acompaña y llueve, no se preocupen, siempre pueden refugiarse en una sidrería.
    Ahí van unas cuantas recomendaciones que les pueden ser de utilidad, estas son de ir a “tiro fijo”.
    En Oviedo, aunque tienen más locales, en el llamado Boulevard de la sidra, en la calle Gascona, está Terra Astur, 100% producto asturiano, con raciones de leñador y a muy buen precio, siempre está lleno, mediodía y noche, pero las mesas rotan rápidamente, además tienen su propia tienda gourmet. Más fino, también en Oviedo, cerca del Campoamor, encontramos Casa Conrado, es un restaurante más clásico en el que se come como los ángeles: caza, cocina tradicional…con un producto de primera. Si les queda sitio para el postre, cosa que dudo, espere, y al salir, cruce la acera y en la centenaria Cafetería Camilo de Blas, compre ½ docena de Carbayones, unos pastelitos de masa hojaldrada y almendra, que glaseados con azúcar son una locura.
    En Avilés, Casa Lin, es la sidrería por antonomasia, serrín por el suelo, como diríamos en Asturias: ye el auténtico chigre. Si la sidra le resulta extraña, dele una oportunidad, pues después de 3 culines, ya verá como entra y más si la acompaña de una ñocla del Cantábrico (Buey de mar), algo sublime.
    Otra opción, también en Avilés, es la Chalana, en el paseo de la Ría, junto a la Rula, muy cerca del Niemeyer. Tienen unos menús muy buenos, a precio de risa, y tan pronto pueden ver a unos obreros tomando el plato del día, como a unos empresarios comiendo angulas y quisquillas, o si se tercia, al revés, y eso es lo que más me gusta de las sidrerías, en las que conviven ricos y obreros en torno a la buena comida, algo que no se suele ver en otros sitios.
    En Illas, donde se produce mi queso favorito, el queso de La Peral, hay una casa de comidas: La Tenada, lugar de reunión de La Cofradía del Colesterol. A la entrada, en el soporte de los menús, siempre reza el mismo texto: “Hoy tenemos el menú de todos los días”, es decir, que siempre, esté nevando o haga sol, preparan lo mismo, para todos: pote asturiano, huevos de aldea con lomo y patatas, picadillo de matanza, callos, cordero guisado, ternera con guisantes, arroz con leche, queso y dulce o tarta de almendras, sólo se puede escoger el postre, el resto es fijo, y todo acompañado de un pan de los que ya no se ven.
    En Bárzana de Quirós, zona de osos, y donde pueden hacer una ruta de montaña, está Casa Jamallo: pote de castañas, venado, cebollas rellenas…Recuerdo hace unos años que la señora cocinaba de bata color fucsia y que se comía en el comedor de la casa, rodeado de las fotos de su familia en los portarretratos. Hoy en día, no ha cambiado mucho y seguramente se cruzarán con algún cazador que transporta sobre su coche a algún jabalí que podrá llevar tranquilamente sobre la vaca de su coche.
    La cocina fina es para el Balneario de Salinas, con una estrella Michelin y con el Cantábrico como telón de fondo, disfrute de un menú degustación de esos que no se olvidan, como tampoco se olvida el pitu de caleya guisado de Nacho Manzano con raviolis de sus menudillos, que con dos estrellas Michelín en su restaurante Casa Marcial en la Salgar en Arriondas, ofrece un producto auténtico de esos de los que ya no se encuentran, combinando virtuosamente, la cocina tradicional con la creativa.
     El único “pero” es que regrese a Menorca con unos kilos de más, cosa fácil si se deja llevar. Estas son unas cuantas recomendaciones, pero es más fácil comer bien que mal; en todos estos días que he estado de vacaciones, no me encontrado un sitio en el que me hayan servido patatas congeladas ni pan precocido, por algo será.

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