viernes, 27 de enero de 2012

Las Vajillas

Siempre hablamos de la comida, pero pocas veces de algo que tiene mucha importancia, que es donde la servimos. Y es que, en muchas ocasiones, “comemos con los ojos”, y por lo tanto es importantísimo cuidar la presentación de nuestros manjares.
    Aunque suene a antiguo, creo que resulta práctico disponer de dos vajillas en casa, una de diario, sencilla y económica, y una especial para ciertas ocasiones, de calidad, para toda la vida, pues los platos de calidad son muy caros y debemos tratarlos con sumo cuidado. El material de vajilla por excelencia, es la loza o la porcelana, dependiendo del bolsillo.
    Los chinos ya conocían el secreto de fabricación de la porcelana cuando en Europa usábamos toscos platos de madera, barro cocido o metal. No fue hasta principios del S.XVIII cuando comenzamos a fabricar porcelana, creándose una auténtica industria y grandes firmas que siguen operando en la actualidad.
    La Royal Copenhaguen Danesa, fabrica, entre otras, la “Flora Dánica”, vajilla oficial de la Casa Real de un precio incalculable; en Alemania Villeroy & Bosch o Rosenthal, fabrican espléndidas vajillas que combinas durabilidd y elegancia, incluso diseñadas por modistos como Versace. Es de entender que en grandes restaurantes, donde utilizan este tipo de menaje, el precio por cubierto ascienda considerablemente, teniendo en cuenta que un plato de porcelana de Limoge, de J.L. Coquet, puede alcanzar fácilmente los 100 €. Teniendo en cuenta que, si por descuido, se rompe un plato, que pasar, pasa, el margen de beneficio en un restaurante, baja considerablemente.
    En Francia, zonas como Sévres, o Limoges, son famosas por abastecer las mejores casa de Europa desde hace siglos. Son vajillas, en muchos casos, artesanales, con decoraciones artísticas, que son una auténtica obra de arte, representando escenas clásicas, paisajes, o temas como la famosa vajilla de estilo inglés, de la Cartuja de Sevilla.
    En el restaurante, la vajilla adquiere mucho protagonismo, pero como norma, antes que la calidad del plato, lo que debe primar es que esté perfectamente limpio, repasado y sin roturas, algo que me sorprende es que me sirvan en un plato escachado; entiendo que tirar un plato porque tiene un pequeño golpe en la esquina resulta doloroso, pero prefiero un Duralex de vídrio limpio y sin rotura, a que me sirvan uno de marca con muescas.
    El plato redondo y blanco es el más versátil y donde lucle más la comida, pero hoy en día, disponemos de platos con todas las formas y colores, de inspiración zen y minimalista para nuestros platos orientales, pizarras para dar un toque moderno, o con un toque más rústico, los de barro, para servir una cocina más tradicional.
    Desde luego que una menestra de verdura no sabe mejor si la presentamos a la mesa en una bonita fuente de porcelana con ribete de filigrana, ni la escudella de toda la vida, en una sopera que heredamos de nuestra abuela, pero la sugestión le da un toque especial a la comida.

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