sábado, 28 de abril de 2012

Al horno


El artículo de hoy va dirigido a aquellas personas que creen que el horno de su cocina solo sirve para guardar las sartenes con aceite usado. ¡No!, el horno da mucho juego.
    Seguramente hornear y asar fue uno de los primeros métodos de cocinado que descubrió el humano al querer guardar las brasas de un fuego para evitar que se apagarán, seguramente en un pequeño agujero en la tierra o en una roca incluso con alguna piedra calentada en la brasa para conseguir temperatura… así me imagino que se conseguirían los primeros hornos. De hecho, un horno de barro no es algo mucho más tecnológico que lo que les he comentado y ¡que rico que está un cordero lechal asado a fuego lento o como cambia una pizza con el aroma rústico de la leña!
    Pero con los hornos que tenemos en casa también podemos jugar, pues son muy cómodos y fáciles de manejar, además en la actualidad han mejorado una barbaridad, pues los de ventilación forzada nos dan una temperatura uniforme en toda la cámara, con lo que los alimentos se cocinan mejor, tienen distintos programas, grill e incluso sistemas de autolimpieza, con lo que el engorro que suponía limpiar el horno no es una excusa para no usarlo.
    Obviamente en las cocinas industriales usamos el horno permanentemente para las preparaciones tradicionales (asados, pastelería,...) y para terminar platos pescados y carnes que previamente hemos sellado al fuego, arroces o mil cosas más. Además la tecnología ha mejorado tanto, que los modernos hornos actuales nos permiten cocer al vapor, freír con poco aceite, cocer a baja temperatura, fermentar una masa, etc...Unas máquinas de alta precisión que son un juguete para el cocinero, eso sí uno de estos hornos cuesta más que un buen utilitario.
    Cuando tengamos en casa una comida para unos cuantos comensales el horno nos facilita las cosas por eso hemos de escoger platos apropiados: unos buenos canelones preparados de víspera, son insuperables, y no le tenga miedo a un redondo o un lomo de cerdo, pues incluso si dispone de una bandeja apropiada puede servirlo directamente en la mesa, y en ella trinchar la pieza, con lo que realza el plato y le permite estar en contacto con sus invitados, pues es preferible estar con sus amigos que no friendo entrecôtes en la cocina.
    Pocas cosas me gustan más que un buen pescado al horno, sencillo, sin muchas historias, ajo, perejil, unas rodajas de limón, patatas previamente fritas y un chorro de vino blanco de calidad… y el calor mágico del horno, consiguen que comer sea un momento “zen” donde nos olvidamos de todo y solo nos concentramos en el plato algo, muy difícil con los tiempos que corren.
    ¿Alguna precaución? pues que el horno siempre ha de estar a la temperatura apropiada para usarlo, es decir, no meteremos un bizcocho si está frío, pues resultará un fracaso. Y que de vez en cuando debemos de echar un vistazo para que el pollo no se seque e ir regándolo con su propio jugo.
    Seguro que si ha leído hasta aquí, hoy se anima a encender el horno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario