sábado, 14 de abril de 2012

Congelados



En las noticias de estos días se comentaba que con el tema de la crisis el consumo de productos congelados se había disparado. Tirar de congelado es una solución rápida y económica para alimentarnos día a día, pero de eso a decir que es estupenda hay un trecho.
    Lo cierto es que la oferta en congelados se ha mejorado una barbaridad y podemos encontrar prácticamente de todo y durante todo el año, además las nuevas técnicas de conservación y el mayor control sanitario nos garantizan mayor calidad, lejos han quedado aquellos tiempos donde se ofrecían verduras quemadas por el frío, precocinados llenos de escarcha por haber sufrido la rotura de la cadena de frío, o lo que era mas grave, carnes de procedencia dudosa con varios años de congelación, y cuando digo varios me refiero a muchos .
    La industria alimentaria ha encontrado un auténtico filón en el congelado y de hecho las tiendas de estos crecen día a día. Es innegable  que, de pelar guisantes, a abrir una bolsa que tenemos en el congelador desde hace dos meses, logramos un ahorro de tiempo enorme. El comercio que lo vende tampoco tiene merma alguna, pues no tiene que preocuparse de que sean la 13.30 del mediodía y aún no haya vendido ni un kilo de gambas frescas, sin saber luego qué hacer con ellas.
    El secreto está en comprar en temporada en mercados de grandes productores a muy buen precio y luego venderlo a lo largo del año a un precio económico fuera de temporada, pero no nos engañemos, si somos nosotros los que practicamos una cocina de temporada y compramos en el mercado a diario, comeremos mucho mejor y mucho más barato.
    Unas croquetas congeladas pueden ser baratas, pero si queremos que sean tan buenas como las que podemos hacer nosotros, entonces tenemos que pagarlas, no hay más misterio.
    Pero en casa también podemos aprovecharnos de la congelación, pues sí que  hay muchas cosas que admiten el frío extremo, como los guisos de carne, unas albóndigas o unos canelones; por el contrario todo lo que lleve patata se vuelve incomestible, al igual que las pastas secas o el arroz cocinado. Sin embargo la pasta fresca admite la congelación con elegancia.
    Los pescados son otro cantar. El otro día escuchaba estupefacto, que un experto en alimentación aconsejaba consumir el pescado comprado ya congelado y no congelarlo en casa, pues en el hogar  no disponemos de túneles de congelación, abatidores de temperatura, o máquinas de vacío que nos permitan un congelado ultrarápido, como el que hacen los grandes barcos pesqueros en alta mar, pero claro que si esta mañana ha comprado en el mercado una raya fresquísima de nuestras aguas y al llegar a casa la ha congelado rápidamente, bien filmada, para evitar que este en contacto con el aire, yo me quedo con esta.
    Por descontado que los pescados pequeños y azules, como la sardina, el boquerón, el jurel…que no son aptos para congelarse, pues adquieren un sabor rancio y desagradable, y su virtud radica en su frescura 
    Pues lo dicho, congelados si,  por su puesto, pero con un buen tratamiento, nada de microondas, ni de agua caliente para descongelar, sino que lo haremos dentro de la nevera, evitando que el producto este en contacto con su propio líquido. Con esas sencillas normas y un poco de mimo podremos conseguir platos mas que aceptables.

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