sábado, 1 de diciembre de 2012

Florencia


Florencia es la cuna del renacimiento, la cuna de Catalina de Medici, de la Bisteca allá Fiorentina, los platos elaborados con espinacas. Demasiada belleza para una mente adormecida por la tranquilidad y el día a día de Menorca, que puede transformarse en el mal de Sthendal, no por poseer una sensibilidad elevada, sino por recibir tanta información de golpe.
    El legado arquitectónico y artístico de los Medici en la ciudad la convirtieron en el centro del refinamiento y de las buenas costumbres y por lo tanto en el Renacimiento culinario, dándole valor a la sencillez y frescura de los productos locales realzándolos con elaboraciones ingeniosas, donde las especias tan codiciadas y venidas de países exóticos dejan de enmascarar los sabores para pasar a complementarlos.
    La armonía en las presentaciones y el interés por la dietética hacen de Florencia y del Renacimiento, un primer avance de la Nouvelle Cuisine en la historia.
    Sin duda la mejor embajadora de este arte fue Catalina de Medici, que impuso en la Corte francesa de Enrique ll, regida por las tendencias de la Edad Media, el uso del aceite de oliva toscano, desterró las copas de metal a cambio de el cristal veneciano, la  mezcla de alimentos agrios y salados, con dulces y amargos, o los buenos modales en la mesa con banquetes menos pantraguelicos y el uso del hasta entonces desconocido tenedor.
    Pues todo eso se respira en Florencia mientras se visitan los Uffizi, el Palacio o el Ponte Vecchio, el palacio Pitti o el mercado central de San Lorenzo o el encantador de Sant Ambrogio donde todo tipo de carnicería elaborada, conejos rellenos, chuletas rellenas alternan con las mejores pastas artesanales y los mejores embutidos y quesos.
   Comer bien en la ciudad es fácil pues existe  multitud de establecimientos basados en la cocina toscana y un sinfín de enotecas donde degustar los mejores vinos, para todos los bolsillos, desde un panino de Lampredotto, a uno de los mejores restaurantes  del mundo, el triestrellado Enoteca Pinchiorri, donde todo el refinamiento de la rebuscada Catalina se refleja en su mesa.

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